Mi Top 10 de síntomas eXtraños

No están en orden de extrañeza ni cronológico, digamos que es un conjunto sin orden completo ni parcial. Los mencionaré así como los vaya recordando…

  1. Ángel de Fuego. Sería como la primera tercera parte de la década de los 90’s (la década de los 90’s como todas las décadas tiene 10 años por definición: 90, 91, 92, 93, .., 99; si fuera la década de los 90, ésta tendría 90 años y la de los 80, tendría 80 años, así cada 10 años las decádas tendrían 10 años más, lo que es completamente absurdo). Conque, a principios de los 90’s era muy amigo de mi primo hermano, Adriel Flores, a.k.a. Ado, fanático del Rock en español, y en particular de Mecano (le hacía falta ver más BAAAAX!!! y le sigue haciendo falta, pero esa es otra historia) y escuchábamos mucho una canción que según yo se llamaba Ángel de Fuego (triste decepción fue saber después que se llama en verdad Amante de Fuego, es de 1984, ya éramos retro desde entonces) y a mí me hacía particular significado porque (y es aquí donde entra la EM según yo) sentía que se me quemaba la piel por debajo de la epidermis, del otro lado del cuero, pues. Empezaba como un tipo hormigueo en los pies que se volvía una extraña mezcla entre ardor, quemazón y comezón, esto duraba unos días; después comenzaba a ascender y ahora me quemaban las piernas, y yo escuchando una y otra vez:

…Siento alguien dentro
me quema y me da miedo
me habla, me grita
que tengo que ser fiel
que mi alma es de él
He ido a muchos médicos en la ciudad
nadie sabe dónde esta mi enfermedad
no me pueden curar…

Y justo así me sentía yo, que algo, alguien me quemaba por dentro, quizá fue en este entonces que comencé a antropomorfizar a la EM, era mi Ángel de Fuego, mi Amante de Fuego,  que me hablaba, me gritaba, me reclamaba para sí.

Me han salido quemaduras en la piel
tengo llagas en las manos y en los pies
son síntomas de él
Noto que la vida se escapa de mí
no me quedan fuerzas para resistir
y qué va a ser de mí…

Y qué iba a ser de mí… mi Ángel de Fuego estuvo conmigo quizá un mes o dos, para ese entonces ya había ascendido al tórax, en ese entonces hubiera querido cortarme la piel y rascarme con un rastrillo de jardinería el otro lado del pellejo, de verdad era lo único que pensé podría acabar con la pizazón, no lo hize, soy una gallina.  Se detuvo justo antes de empezar el cuello, si sube a la cabeza me doy un tiro, esta quemazón en la cabeza sería demasiado, quizá ella (mi Ángel) lo entendió y después simplemente se marchó. Qué costumbre tan pendeja de encariñarse con quien te daña, pero que la Supersimetría me perdone, yo quería, quise a este Ángel de Fuego; yo me sentía especial, me había escogido a mí para habitar, para sentir el Mundo, no me quiere hacer daño pensaba, es sólo su naturaleza, pero ella me ama.

Y pasaban los meses y a veces los años y de vez en cuando regresaba y se quedaba unas semanas o unos días, ya me había acostumbrado yo a sus maneras y ella a mis manías, doloroso, sí, pero qué si no sufrimiento es la vida y el amor.

…Noto que la vida se escapa de mí
no me quedan fuerzas para resistir
y que va a ser de mí…

…Siento alguien dentro
me quema y me da miedo
me habla, me grita
que tengo que ser fiel

Así, leída, esta historia parece hasta romántica (y lo fue para mí) pero en verdad, vivida en primera persona y en la duración cronológica es muy tortuosa. Para arruinar la interpretación angelológica de esta experiencia, creo que encontré una causa: En ese entonces compraba en la Dulcería del Palacio de Hierro (No soy completamente Palacio, que conste) unas bolsitas de Chabacanos secos salados y acidulados (Pájaros muertos les decía la ahora exclusivamente mamá de mi hija), deliciosos, pero primero te destemplan los dientes al extremo que hasta el exhalar te duele, y después aparecía la estrella de la Noche: Mi Ángel de Fuego. Seguro existe una relación entre el consumo exagerado de sal y la conductividad eléctrica de los nervios, que en una Red  eléctrica dañada (mi Sistema Nervioso Central) causa errores en la comunicación: El Ángel de Fuego quemando y gritando.

Cuando quería llamar a mi Ángel de Fuego, sólo iba por Pájaros muertos… en la noche o al amanecer, ella llegaba.

Stay Tuned… Pronto la siguiente entrega.

2. La Cochinilla

Sería 1999, quizá ya el 2000… en aquellos días, al bajar la cabeza sentía una descarga eléctrica en todo el torso, como un diapasón gigante dentro de mí, como una liga gigante estirada que se quiere contraer. A veces era tan fuerte me me obligaba a tirarme al piso y me inmovilizaba completamente, también funcionaba con la ira y la ansiedad, entre más me emocionaba (buenos y malos sentimientos) más fuerte la tensión que se acumulaba y pasado un punto, no quedaba más que tenderse al piso y encorvarse a más no poder, como las cochinillas que para salvar la vida se encorvan tanto que pueden formar pequeñas esferas acorazadas… doloroso, sí, humillante, aún más. Es raro, estos episodios, este síntoma sólo duró un par de meses y nunca se ha repetido hasta hoy 04/01/19.

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